lunes, 8 de agosto de 2011

Lunes de Facturas


Hoy les lanzo la primera entrega de una serie dedicada a la comida argentina. Es el equivalente a una miniserie y busca disparar aún más el rating de este blog. En el futuro hay estrategias incluso más atrevidas como incorporar un Atlas encartado en cada entrega y un divertido concurso que incorpora chapas de botellas de malta. Pero por ahora hagamos esto a ver qué tal.

Hoy es día de facturas. Facturas son dulcitos que venden en panaderías, son los protagonistas principales del desayuno argentino, junto con una tacita de café. Para mí que me críe en un hogar en el que el desayuno consistía, como mínimo, de dos arepas bien rellenas con jamón, queso y mantequilla y un buen batido de jugo natural, caer en comer medialunitas chirriquiticas fue una adaptación. No es que no sean buenas, porque en realidad son increíbles. Pero me cuesta quitarles el estatus de postre y comenzar el día sólo con eso en mi pancita. Para un argentino sólo pensar en desayunar con caraotas, carne mechada, perico y queso frito le produce indigestión. Todo es cuestión de costumbre. Caprichos culturales que te tiene la vida, chico...

La factura por excelencia es la medialuna que son unos croissanticos bulda de lo sabrosos. Vienen en dos presentaciones: grasa o de manteca. Sí, grasa o manteca. No suena nada bien, ¿no? Bueno, pero lo es. Una es como más dulcita que la otra pero nunca recuerdo cuál es cuál. Siempre pido la que se ve como glaseada, la que por su brillo puedes distinguir a una cuadra de la panadería. Esa es altamente recomendable. Obviamente hay muchas más, hay unas rellenas de chocolate, de batata, de membrillo y, por supuesto, del omnipresente dulce de leche.

Dato suelto 1: Son más baratas por docena.
Dato suelto 2: Las agarra uno mismo con un bol de metal y unas pinzas de un display similar al de la foto. Eso del selfservice siempre está bueno.
Dato suelto 3: Hay panaderías que tienden a conservar facturas de varios días o incluso meses, años y décadas en sus displays a la espera de que un idiota la meta en su docena y luego se rompa una muela al tratar de ingerirla en su mesa de comedor. De mas está decir que hay que tratar de alejarse de esas.
Dato suelto 4: Este punto anterior me recuerda que es aconsejable que encontremos una panadería confiable a un radio de 2 cuadras de donde nos estamos quedando y/o/u viviendo. Al encontrarla es bueno aferrarse a ella como se aferra uno a un barbero o una marca de desodorante.

Pedro, el infiltrado.

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