miércoles, 1 de febrero de 2012

Antes de volver a la rutina del infiltrado...

Ajá bueno, ya he vuelto a Buenos Aires, después de un mes y medio de visita en Venezuela. Pronto continuaré infiltrando esta ciudad, pero la entrada de hoy y la  siguiente van dedicadas a mis días en Caracas, aunque tiene mucho de Argentina también. Pensé en llamar estas dos entradas "visitando Caracas ahora que vivo en Buenos Aires pero sin dejar de pensar en Buenos Aires a pesar de que soy de Caracas"...  Pero era un poco largo.. Y tonto... Así que desistí. La de hoy trata acerca de las despedidas, la siguiente será acerca de reencontrarse con la ciudad de uno a través de los ojos de los demás... Suena intenso, ¿no?

Volviendo a la rutina del infiltrado...


En lo que va de mi vida porteña he viajado todos los diciembres a Caracas. Eso ya quedó claro aquí. Tres años seguidos de visitas, de comidas de mi madre, de reuniones familiares... De todo eso tan bonito de volver. Pero al llegar enero sale a relucir la otra cara de la moneda: con este último viaje ya van tres años seguidos de despedidas. Y eso sí que no está fácil. Siempre abrigo la esperanza de que cada vez será menos difícil que la vez anterior, pero hasta ahora no se ha cumplido. Por veces he querido implementar esa jugada un poco sucia, la de fugarme ese día de enero, sin decirle nada a nadie, con la satisfacción de llevarme sólo lo bonito de las vacaciones, cero lágrimas, cero trauma. Como un vaquero que nadie ve partir. Sí, sí, como un vaquero...


En vez de un caballo, un avión. En vez de una soga una maleta.
En vez de un adiós, una huida. En vez de una foto mía, una bajada de Google

Pero lo cierto es que hay algo de masoquista en mi naturaleza (y puedo apostar que en la naturaleza de muchas personas que están leyendo esto). Uno quiere vivir ese momento, esa despedida en la que te desean buena suerte, en la que te dicen que te van a extrañar. Uno disfruta ese nudo en la garganta. Es la única razón que puedo encontrar para haber realizado 5 despedidas en vez de una (la de la familia, la de los amigos de secundaria, la de los de la universidad, la cena con mi madre, el desayuno con mi padre),  Me gusta esa sensación, aunque también la aborrezco. Yo se que no soy el único. Si quieres no lo admitas en público, pero admítelo... Sabes que sí... Saaaaaabes que siiii....

Y cada año me digo lo mismo. "El tiempo vuela, cuando uno menos espera ya es diciembre de nuevo", me digo. No me lo creo, pero me lo digo y me lo repito. Y me cuesta sobreponerme a las despedidas. Me toma unos días recobrar mi estado de ánimo. Me consuela saber que tengo que buscar trabajo al llegar y que al conseguirlo quizás pueda ahorrar dinero. Y así no tener que esperar a diciembre para viajar sino poder tomar un avión en julio o agosto. Aunque, ahora que lo pienso, eso significaría dos bloques de despedidas este año...  Uy.. Mejor lo dejo en diciembre y ya...

Pedro, el infiltrado


2 comentarios:

  1. Consejo: no vayas mas a Venezuela! no vale la pena, que vengan ellos a visitarte. Yo ya llevo dos navidades en Baires y la he pasado de lo mejor, es una cuestion de acostumbrarse y comprar las hallacas, pan de jamon y ponche crema a los amigos de Arepita de Manteca jejeje

    Saludos

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  2. Hola!!!!

    Gracias por tu voto de confianza, eso me anima a seguir....Buena semana con un abrazo de oso.

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