Mostrando entradas con la etiqueta Caracas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Caracas. Mostrar todas las entradas

martes, 3 de junio de 2014

No solo de blog vive el hombre...

Dos maneras de hacer esto:

1) Me pongo a exponer excusas para justificar por qué me ausenté durante un año del blog.
2) La salida cara e' tabla, en la que hago como si no hubiese pasado ni una sola semana y reanudamos esta relación bloguero/lector que tanto bien nos hace a ambas partes.




La opción 2 entonces...


Pues ha llegado el momento de utilizar este blog para colaborar con una causa muy cercana a mi corazón... Y esa causa es conseguirme trabajo. Sí, yo sé, no es la más altruista de las causas. Pero bueno, por los momentos es la causa que más me quita el sueño. A finales del año pasado renuncié a un trabajo que me mantuvo económicamente a flote pero que, en paralelo, me iba mutilando una a una mis neuronas. Esa renuncia tuvo nombre y apellido: Desde Afuera. Y si bien estuvieron chévere mis minutitos de fama, ya ha llegado el momento de tocar piso y ver la manera de generar unos ingresos.

¿Que cómo puedes ayudarme, preguntas? Es muy sencillo. Yo te paso mi número de cuenta y me depositas lo que consideres apropiado. Miento. No hay que hacer eso. Es mucho más sencillo. Lo único que te toca hacer es estar pendiente de trabajos para guionistas, escritores, documentalistas o camarógrafos y, luego, pasarme el dato. Yo soy esas cosas y muchas cosas más. Puedo ser un hombro cuando estés triste también. O un ávido comensal si estás cuadrando una cena en casa. Todo eso puedo ser. Pero en lo laboral puedo ser una de esas cuatro cosas que mencioné primero.

También tengo un Linkedin y un Curriculum. Pero si estás leyendo esto voy a suponer que sabes quién soy, que probablemente ya sabes que sé hacer y que no me estarás enviando ofertas de empleo que si en la industria petrolera o como técnico en computación. Si quieres enviarlas, pues bien. Pero no te prometo que te haga quedar bien si me recomiendas en esos rubros, ¿eh?

Mi última incursión en la industria petrolera. 
Yo estoy allá al fondo dando explicaciones en mi traje azul


Mientras tanto no descanso, obviamente. Además de volver con las andanzas del infiltrado ando matando todos los tigres que se atraviesan en mi camino. Para los amigos argentinos que no conocen ese término, significa buscando changuita. Para los venezolanos que no conocen ese término, significa matando tigres. Y así sucesivamente...



El infiltrado is back...

Pedro, el infiltrado


miércoles, 1 de febrero de 2012

Antes de volver a la rutina del infiltrado...

Ajá bueno, ya he vuelto a Buenos Aires, después de un mes y medio de visita en Venezuela. Pronto continuaré infiltrando esta ciudad, pero la entrada de hoy y la  siguiente van dedicadas a mis días en Caracas, aunque tiene mucho de Argentina también. Pensé en llamar estas dos entradas "visitando Caracas ahora que vivo en Buenos Aires pero sin dejar de pensar en Buenos Aires a pesar de que soy de Caracas"...  Pero era un poco largo.. Y tonto... Así que desistí. La de hoy trata acerca de las despedidas, la siguiente será acerca de reencontrarse con la ciudad de uno a través de los ojos de los demás... Suena intenso, ¿no?

Volviendo a la rutina del infiltrado...


En lo que va de mi vida porteña he viajado todos los diciembres a Caracas. Eso ya quedó claro aquí. Tres años seguidos de visitas, de comidas de mi madre, de reuniones familiares... De todo eso tan bonito de volver. Pero al llegar enero sale a relucir la otra cara de la moneda: con este último viaje ya van tres años seguidos de despedidas. Y eso sí que no está fácil. Siempre abrigo la esperanza de que cada vez será menos difícil que la vez anterior, pero hasta ahora no se ha cumplido. Por veces he querido implementar esa jugada un poco sucia, la de fugarme ese día de enero, sin decirle nada a nadie, con la satisfacción de llevarme sólo lo bonito de las vacaciones, cero lágrimas, cero trauma. Como un vaquero que nadie ve partir. Sí, sí, como un vaquero...


En vez de un caballo, un avión. En vez de una soga una maleta.
En vez de un adiós, una huida. En vez de una foto mía, una bajada de Google

Pero lo cierto es que hay algo de masoquista en mi naturaleza (y puedo apostar que en la naturaleza de muchas personas que están leyendo esto). Uno quiere vivir ese momento, esa despedida en la que te desean buena suerte, en la que te dicen que te van a extrañar. Uno disfruta ese nudo en la garganta. Es la única razón que puedo encontrar para haber realizado 5 despedidas en vez de una (la de la familia, la de los amigos de secundaria, la de los de la universidad, la cena con mi madre, el desayuno con mi padre),  Me gusta esa sensación, aunque también la aborrezco. Yo se que no soy el único. Si quieres no lo admitas en público, pero admítelo... Sabes que sí... Saaaaaabes que siiii....

Y cada año me digo lo mismo. "El tiempo vuela, cuando uno menos espera ya es diciembre de nuevo", me digo. No me lo creo, pero me lo digo y me lo repito. Y me cuesta sobreponerme a las despedidas. Me toma unos días recobrar mi estado de ánimo. Me consuela saber que tengo que buscar trabajo al llegar y que al conseguirlo quizás pueda ahorrar dinero. Y así no tener que esperar a diciembre para viajar sino poder tomar un avión en julio o agosto. Aunque, ahora que lo pienso, eso significaría dos bloques de despedidas este año...  Uy.. Mejor lo dejo en diciembre y ya...

Pedro, el infiltrado